LOS VENDEDORES DE HUMO Parte II

NIPPUR GALASH

 

En una lejana república, que alguna vez fue llamada el Oasis de Paz, se produjo una gran rebelión de sus habitantes contra los privilegios e injusticia. Sin embargo, las fuerzas del mal, aprovechando la dispersión de las fuerzas que suponían representaban el bien, recuperaron su cuestionado poder y empezaron a utilizar una sutil arma que empezó a modificar las emociones y las ideas de la población, logrando que el mal se asuma como bien e incluso que algunos de los luchadores del bien se hayan pasado al lado de las fuerzas oscuras…

 

LOS VENDEDORES DE HUMO

Hoy presentamos…

 

COCINANDO EL PAIS

(segunda parte)

 

            Cuando el mozo llegó con lo solicitado, continuamos la conversación.

-No queremos que el Estado se adueñe de nuestros fondos -dijo el hombre que me había invitado a esa interesante conversación.

Le di un par de mascadas al sándwich, bebí algo de café, me acomodé en el siento y le respondí muy pausadamente.

-MI platita, como dice usted, nunca ha sido mía. Ayer fui a la AFP y les expuse el caso de que debía operar a una de mis hijas y eso cuesta cerca de cuatro millones. Les dije que como los fondos eran míos, quería retirar esa cantidad.

-¿Y? ¿Cómo le fue en el trámite?

-Mal. Dijeron que solo si se autorizaba un nuevo retiro, podía hacerlo y que yo debía cuidar mis fondos si quería tener una jubilación cercana al sueldo mínimo.

-Quizá usted no cotizó todos los años de trabajo- dijo un señor que hasta ese momento estaba callado. Vestía un traje oscuro y una lujosa corbata.

-Mire. Yo no pedí entrar a la AFP. En la fábrica, el patrón nos dijo que eso de las AFP iba a significar mejor sueldo y que todos entrabamos a eso. Nadie reclamó. Nadie sabía mucho y llegó una señorita muy hermosa, que nos hizo firmar los papeles y nos regaló un reloj de pared a cada uno.

-¿Usted piensa que hay que terminar con las AFP? ¿Quiere que el Estado se haga cargo de su jubilación? Eso no ha resultado mucho -dijo el señor que había llegado recién.

-Bueno. Yo pienso que el Estado lo ha hecho bien.

-¿Cómo así? ¿Mejor que las AFP? –dijo una de las que eran ministras.

-Muchísimo Mejor. Tengo un primo que hizo carrera en el ejército, tiene la misma edad que yo. Se retiró en la fecha y hoy recibe un poco más de un millón de pesos de jubilación. Y yo tendría con la AFP y famosa pensión universal unos 450 mil, si no dejo de imponer.

El hombre que me había invitado se paseaba de un lado a otro. Me miraba unos instantes y luego observaba de reojo a sus otros invitados.

-¡Solo un comentario más! -todos me miraron, como despertando de un sueño.

-¿Cuál? -dijo otro de los señores elegantes.

-Don pinocho cuidó a su gente. Si el modelo de las AFP era tan bueno ¿por qué no ingresaron las fuerzas armadas a las AFP?  A lo mejor, para que todos los chilenos puedan tener una pensión digna, debiéramos afiliarnos a ese exitoso modelo. ¿A qué trabajador, que ha dado toda su vida al país, no le gustaría jubilar con eso montos que reciben los de las fuerzas armadas? O al revés. Para ser justo, que las fuerzas armadas también ingresen a las AFP.

-¡Pero las fuerzas armadas son las que cuidan la patria, tienen una responsabilidad superior! -exclamó una señora rubia que estaba al final de la cocina.

-No la han cuidado muy bien. Ya ve que unos generales engordaron sus billeteras con los fondos fiscales que tenían a su cargo. Recordemos a esos señores oficiales de carabineros que se aprovecharon de los propios dineros de sus compañeros de trabajo.  

-¡Bien! -dijo el personaje que me había invitado-. Cambiando de tema, hablemos de las ISAPRES y del famoso CAE.

-Yo no estoy en ISAPRE. Hace algunos años estuve, pero me salí porque quedé cesante. Desde esa época estoy en FONASA.

-Pero usted debe tener una opinión- dijo una de las ministras.

-Claro. Si somos libre mercado. El que muere, muere. Mi vecino puso un almacén que duró años. Se instaló un supermercado a una cuadra y su negocio bajó las ventas y ahora está a punto de cerrarlo. ¿Usted cree que fue a pedirle apoyo al Estado porque ahora los vecinos no podrán comprarle esas marraquetas calentitas, que vendía? Así son los negocios.

-Estaría de acuerdo -dijo uno de los empresarios-, pero esto tenía que ver con la salud, si quebraban las ISAPRES…

-¡Un momento! -le dije, como alzando la voz -. ¿Iban quebrar por devolverle el dinero cobrado demás, según los propios tribunales? Han sembrado el miedo y se han negado a pagar…

-Debemos ser responsables. La salud pública y FONASA no están en condiciones de atender a toda la gente que hoy están afiliadas a las ISAPRES – expresó medio enojado el señor más elegante de los que estaban en la reunión.

-Por su puesto les dije -Hay que ser responsables. No solo en el discurso. También a la hora de cuidar el negocio millonario que instalaron con apoyo de don Pinocho. ¿Qué tan responsable soy si instalo un negocio, disfruto subiendo los precios, obtengo grandes ganancias sabiendo que no estoy respetando la ley y cuando la ley me pilla, termino pidiendo la intervención del Estado?

Nos quedamos en silencio. Los mozos se pasearon ofreciendo algo para comer o beber. Fueron minutos en que sentí que estaba generando mucha polémica.

-Bueno, bueno –dijo el personaje que me había invitado- ¿Y el CAE?  ¿Usted es partidario de condonar la deuda a todos los que están morosos? ¿Y qué pasa con quienes han pagado responsablemente su crédito? ¿No sería una injusticia?

-Pienso que quien tiene deudas debe pagarlas. Es una demostración de su responsabilidad y de su honradez. Así me educaron mis padres y aunque pasábamos hambre, mi padre nunca dejó de pagar sus cuentas. Pero hay que ver también que el CAE ha sido un tremendo negocio y un gran abuso.

-¿Por qué? Eso ayudó a muchos jóvenes a seguir estudios superiores -dijo el hombre de barba que me convencí que era uno de los ministros.

-Veámoslo con un ejemplo. La señora que habló de las fuerzas armadas recibe un crédito de 5 millones para estudiar y se compromete a pagarlos. Se atrasa y le van aplicando intereses. A la fecha ha pagado 11 millones y le dicen que en total debe 15 millones. Ya pagó el crédito dos veces y tiene que seguir pagando. El señor de la corbata azul. recibió un crédito de 6 millones y ha logrado pagar tres millones porque bajaron sus ingresos y priorizó la comida. Entonces si van a fijar una ley hay que estudiar caso a caso. La señora no debiera pagar más. El señor, si debe pagar y debe ser responsable, pero hay que darle una oportunidad para que pague de acuerdo a su sueldo, pero sin castigo de intereses.

-¿No será muy exagerado su ejemplo? -dijo el hombre de la corbata azul, mirando su reluciente reloj.

-Tal vez, pero la idea es que la ley ayude a los deudores, haciendo justicia de los abusos que han existido con el CAE. Eso quería decir.

El hombre que me había invitado se acercó a mi lado y me tendió la mano.

-Bien señoras y señores, agradezcamos a don Juan su presencia en esta conversación. Le había prometido un tiempo preciso y él debe volver a su hogar.

-Gracias a ustedes. Espero sirva de algo -dije, mientras me daban unos tibios aplausos.

Al final, el hombre cumplió. Me envío a casa en un Uber que manejaba un venezolano, que a lo largo de todo el viaje me hablaba mal del gobierno. Al final del viaje le dije que tuviese respeto, porque ese es un asunto de los chilenos. “Yo no voy a la casa de la familia del lado a hablar mal de su jefe de hogar”. No me dijo más.

Unas semanas después, mi hijo, muy estudioso de la política, me mostró en la pantalla de su computador la noticia de esas conversaciones.

-Papá se hicieron públicas las conversaciones en la casa de ese exalcalde. Están pidiendo la lista de todos los que asistieron. Y no fue una vez. Y supone que era un secreto. Algunos reconocieron que habían participado, incluido algunos ministros.

-Bueno. Por mi parte, yo iba pasando por la calle cuando me invitaron. No soy personero del gobierno ni soy empresario. Ni representaba a ningún partido político. Solo expuse mis ideas. Pertenezco a los auténticos chilenos.

-Cuando me contaste, te dije que se iba a saber, que estaban negociando acuerdos. Ahora nos venden humo, diciendo que solo era una conversación para acercar dos mundos que estaban distanciados, como si los empresarios no viniesen por años poniendo dinero a diputados, senadores y ministros para que defiendan sus intereses.

-Sepa Moya, hijo querido.

 -No, papá. Paga Moya, cada vez que pasan estas cosas.

***