LOS VENDEDORES DE HUMO, LOS SINTIENTES

NIPPUR GALASH

 

En una lejana república, que alguna vez fue llamada el Oasis de Paz, se produjo una gran rebelión de sus habitantes contra los privilegios e injusticia. Sin embargo, las fuerzas del mal, aprovechando la dispersión de las fuerzas que suponían representaban el bien, recuperaron su cuestionado poder y empezaron a utilizar una sutil arma que empezó a modificar las emociones y las ideas de la población, logrando que el mal se asuma como bien e incluso que algunos de los luchadores del bien se hayan pasado al lado de las fuerzas oscuras…

 

LOS VENDEDORES DE HUMO

Hoy presentamos…

SINTIENTES

Los delegados se fueron ubicando ordenadamente alrededor de la silla de piedra donde se ubicaba la máxima autoridad del mar. Su secretaria, la Ondina mayor, repasó mentalmente que cada especie estuviese representada en la asamblea.

                -Bienvenidos todos a esta asamblea extraordinaria -dijo pausadamente el Gran Merluzo-. Los he convocado, porque los humanos están discutiendo otra vez su Ley de Pesca. Y dicen que ahora si será mejor que la anterior.

                -¿Y qué interés puede tener para nosotros esa ley? Ellos seguirán extrayendo o pescando a los nuestros, hasta que desaparezcamos del planeta -expresó en tono de rabia el delegado de los piures.

-Lo mismo decimos nosotros… -señaló desde una roca, el delegado de los locos.

-¿Y que traería esa ley de bueno? -interrumpió la delegada de las anchovetas.

Los delegados se pusieran a discutir entre ellos.

El Gran Merluzo hizo un ademán, pidiendo silencio, y luego continuó la exposición.

-Uno de sus diputados señaló que debía considerarse en la ley, que somos sintientes, que van a tener que tomar en cuenta nuestra condición física y mental.

Una risotada general estalló en la asamblea.

-¡No es para la risa! -elevó la voz el Gran Merluzo-. Entregaron antecedentes de que existen peces que han aprendido a jugar futbol, que hacen trucos y han usado herramientas.

-Bueno. Al menos en Ecuador hay un club de fútbol que se llama Delfín -señaló con orgullo el delegado de las toninas.

-No se burlen -dijo seriamente el Gran Merluzo-. Las indicaciones hablan de nuestro bienestar, que deben respetar nuestro físico y mental. Dice que no deben provocarnos estrés, ni dolor innecesario, no deben tratarnos de forma cruel ni prologarnos la agonía.

-Me interesa esa ley. ¿O sea que ahora no pueden cortarnos la cabeza ni destriparnos? - intervino la merluza austral, desde el fondo de la asamblea.

-¡Corrección, mi querida australiana! Lo que pretenden es que sea una muerte instantánea, porque como eres sintiente, la idea es que no te quedes aleteando en medio de la red cuando te capturen y pierdas el contacto con el mar -dijo irónicamente la delegada de las reinetas.

-¿Puedo seguir?- interrumpió la máxima autoridad del mar.

-Sigamos, Gran Merluzo -respondió el delegado de los choros maltón.

El Gran Merluzo, carraspeó unos segundos y siguió exponiendo ante la inquieta asamblea.

-El diputado dijo que éramos animales sintientes, que somos capaces de tener experiencias y reaccionar a estímulos externos de manera consciente. Por tanto, seríamos sujetos de consideración moral y de respeto.

La Sirenita Pudorosa levantó su mano pidiendo hacer uso de la palabra. El Gran Merluzo la miró con cierto temor. No solo porque su hermosura lo ponía nervioso. Ella no había estado de acuerdo con su candidatura a la máxima autoridad, pero al final había llamado a votar por él, para evitar que el poderoso clan de las pirañas lograse llegar al gobierno del mar.

-Gran Merluzo…Tú sabes que yo viví mucho tiempo entre los humanos. Cuando la hada madrina me convirtió en humana, pude conocer su mundo, viajé a muchos lugares, seguí muchos estudios y lo que dice ese diputado nunca lo viví. La primera vez que estuve en una caleta, traté de conversar con unas sierras que estaban en una mesa con hielo y…

-Sirenita Pudorosa, eso lo sabemos -la interrumpió el delegado de los jureles-: Nos destripan, nos meten en tarros y mandan al otro lado del mundo. Nos tienen en sus congeladores, nos fríen, nos cuecen y hasta nos comen crudos…

-¡Déjela hablar, señor jurel! -le interrumpió la secretaria.

-Gracias. -continuo la Sirenita Pudorosa-. Efectivamente, desde miles de años hemos sido alimento de los humanos, pero también desde miles de años el mar ha sido disputado entre ellos. Cuando empezaron a industrializar la venta de nuestra gente, han venido contaminando nuestras aguas y también a nuestra gente Y cada día hay pueblos nuestros que pueden desaparecer…

-¡Ella tiene mucha razón!- gritó una voz, ronca desde el fondo de la asamblea.

Los delegados voltearon su mirada hacia el lugar desde donde había salido la voz.

-¡El Fugitivo! -gritó la delegada de las almejas.

-Así me llaman -dijo un grueso salmón con su boca cubierta por una especie de mascarilla. Se desplazó lentamente hasta llegar cerca de la máxima autoridad del mar.

-Gran Merluzo -. Tú sabes por qué uso esta mascarilla. Soy unos de los sobrevivientes de esa fuga de miles de compañeros que aprovechamos el mal tiempo y huimos de las jaulas del centro de Caicura. Dicen que éramos 800 mil. Tú sabes como se vive allá. Nos saturan con antibióticos y nos engordan. Vivimos hacinados y botan los desperdicios ahí mismo. Estamos contaminados. Hace unos años atrás votaron 5 mil toneladas de mis hermanos al mar, afectando las aguas de Chiloé. Aves y otros peces fueron víctimas de ese hecho. Estaban contaminados y putrefactos. Y les echaron químicos para reducir el impacto. Le echaron la culpa a la marea roja. Y las autoridades fueron cómplices de esa decisión.  ¿Será que ahora todo ese modelo de explotación ira a cambiar con esta ley? Recuerda que somos el segundo negocio más grande de Chile, después del cobre, según dicen los expertos.

-Gran Merluzo. El tema no es solo que las grandes empresas dejen espacio de pesca a los pequeños pescadores -dijo la Sirenita Pudorosa -. Esto va más allá. El mar lo están contaminando las empresas mineras, las ciudades con la eliminación de sus aguas servidas y aguas negras, ya se dijo lo que hacen las salmoneras.

-Entonces, eso de sintientes, desvía la atención de lo que realmente sucede con los grupos humanos de ese mar que tranquilo te baña y te promete futuro esplendor-acotó el delegado de los peces espadas.

Gran Merluzo, se puso de pie. Sintió que las aguas se movían de manera extraña.

-¡Alerta! ¡Presencia humana! -gritó la secretaria-. ¡Se disuelve la asamblea! ¡Evacuación!

-Usted sí que sabe de pesca, compadre… ¿Dónde aprendió esos trucos?

-Cuando don Pinocho nos mandó relegados después de una protesta, me dejaron en una caleta de pescadores y tuve que aprender. Fue un curso intensivo de sobrevivencia. Juan Moya Moya tuvo que ganarse el pan como ayudante de un viejo pescador, don Salva, muy sabio.

-¿Y ese pescado tan grande, que cayó en su trampa?

-Esta es una merluza. Por la cara que tiene debe ser el Gran Merluzo.

-¿No lo va a sacar del agua? Nos daría para varias porciones de pescado frito.

- Don Salva me habló de que los pescados también tenían su propio gobierno. Sabía que existía. Ya me di el gusto de conocerlo.

-De veras que ahora los pescados tienen sentimientos, como dijo el diputado en la tele.

-Si. Y este parece que es compañero, no ve que mueve la cola siempre hacia la izquierda.

-Ahora lo voy liberar para que siga gobernando. ¡Chao Gran Merluzo! No se olvide de resolver el problema de las pensiones y mano dura con la delincuencia, especialmente con los caballeros de cuello y corbata, son más peligrosos que los rateros… ¡Y lo de las salmoneras!…

-¡Buena, compadre! Le hizo caso. ¡Que se mueve rápido el putamadre!…

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